El endeudamiento de las familias argentinas volvió a quedar en el centro del debate luego de que la morosidad se mantuviera en niveles elevados. Según datos del Banco Central, los atrasos en los pagos de créditos a hogares se ubicaron en torno al 12,8%, con diferencias entre tarjetas de crédito y préstamos personales, donde la mora mostró un mayor deterioro.
En ese contexto, el presidente Javier Milei atribuyó parte del problema a decisiones de consumo realizadas durante el Mundial. Durante un discurso en la Bolsa de Comercio de Rosario, señaló que muchas personas compraron televisores financiados y luego tuvieron dificultades para pagar las cuotas, una explicación que rápidamente generó cuestionamientos.
Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) rechazaron esa interpretación. Su vocero, Salvador Femenía, sostuvo que el endeudamiento está mucho más relacionado con la caída del poder adquisitivo, los elevados costos de los servicios y las dificultades de las familias para sostener sus gastos cotidianos.
La discusión expone dos lecturas muy diferentes. Mientras el Gobierno pone el foco en determinadas decisiones de consumo, desde el sector pyme advierten que muchas personas recurren al crédito porque el salario ya no alcanza y porque financiar compras básicas se convirtió en una práctica cada vez más frecuente. Además, las tasas elevadas y el agotamiento de la capacidad de endeudamiento dejan a numerosos hogares fuera del sistema formal de crédito.
El dato del 12,8% de morosidad deja así una pregunta incómoda detrás de la polémica: ¿las familias argentinas se endeudan para consumir de más o para llegar a fin de mes? Más allá del cruce político, el deterioro de la capacidad de pago aparece como una señal concreta de las dificultades que atraviesan numerosos hogares.