San Felipe, la comunidad wichí abandonada entre el agua y el hambre

San Felipe, una comunidad wichí ubicada a 25 kilómetros del pueblo de Rivadavia Banda Sur, está completamente aislada. El río Bermejo se desbordó por cuarta vez, cortando el único acceso y dejando a sus habitantes en el abandono total. Para salir, deben caminar kilómetros entre agua y barro, enfrentando un camino que se ha vuelto una pesadilla.

La situación es crítica: salud, educación y economía colapsaron. Desde diciembre, el agua cubre todo, y en tres meses solo llegaron dos miserables ayudas del gobierno: un bolsón con 4,5 kg de comida para familias de hasta 8 hijos. Un kilo de harina, uno de arroz, uno de azúcar, medio kilo de yerba, un litro de aceite y un kilo de leche. Eso es todo. Nada de colchones, plásticos o frazadas. Nada.

El camino vecinal está destruido, invadido por malezas, intransitable incluso cuando no hay inundaciones. El intendente Leopoldo Cuenca lleva 20 años en el poder, pero su municipio es sinónimo de abandono: no hay salitas de primeros auxilios, no hay mantenimiento, no hay asistencia real. Cuando el agua los rodea, nadie viene: ni el municipio, ni la provincia, ni Defensa Civil.

Los padres caminan 25 km bajo el sol, el agua hasta la cintura y el barro, para volver dos días después con unas migajas de comida que deberán compartir con los vecinos. Así sobreviven. Así los ignoran.

San Felipe clama ayuda, pero su voz se pierde en la indiferencia. Mientras el río avanza, el Estado desaparece. Y la pregunta queda flotando, como el agua que los ahoga: ¿Cuánto más tendrán que sufrir para que alguien los vea?

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