Murió Chiche Gelblung: se fue un periodista incómodo, brillante y profundamente polémico

Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles 9 de septiembre a los 82 años, después de atravesar varias complicaciones de salud e internaciones durante 2026. Su fallecimiento pone punto final a una carrera de más de cinco décadas en la prensa gráfica, la radio y la televisión argentina, pero abre inevitablemente otra discusión: cómo recordar a una figura enorme sin convertir el homenaje en una idealización.

Porque Chiche fue muchas cosas al mismo tiempo. Fue un periodista con una curiosidad casi obsesiva, una enorme intuición para detectar qué podía interesarle a la gente y una capacidad extraordinaria para convertir una historia en conversación nacional. También fue provocador, excesivo y, en distintos momentos, parte de un periodismo que cruzó límites éticos que hoy merecen ser revisados con seriedad.

Su carrera comenzó en la gráfica y alcanzó uno de sus momentos de mayor influencia en la revista Gente. Más tarde se reinventó en radio y televisión y construyó una manera muy personal de contar noticias: directa, popular, espectacular y muchas veces deliberadamente incómoda. Esa capacidad para adaptarse explica en buena medida su permanencia durante décadas en medios que cambiaron por completo.

Pero su trayectoria también tiene zonas que no deberían borrarse en nombre de la despedida. Su paso por Gente durante la última dictadura militar argentina fue objeto de fuertes cuestionamientos por la línea editorial de la publicación frente a las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos. Recordar ese capítulo no significa desconocer su talento; significa hacer exactamente lo que el propio periodismo debería exigir: mirar la historia completa, incluso cuando incomoda.

Chiche entendió algo mucho antes de la era de las redes sociales: que una noticia no sólo debía informar, también tenía que generar reacción. Supo explotar el impacto, la sorpresa, el personaje y la pregunta incómoda. Parte del periodismo televisivo argentino que vino después tomó elementos de ese modelo, para bien y para mal.

Ahí está probablemente la contradicción central de su legado. Fue capaz de acercar el periodismo a audiencias enormes, pero también participó de una cultura mediática donde muchas veces la frontera entre información, espectáculo y exposición personal quedó peligrosamente difusa.

Aun con problemas de salud, intentó mantenerse activo hasta sus últimos días. Sus reiteradas ganas de regresar al trabajo después de cada internación revelan quizá el aspecto más humano de su historia: para Chiche, el periodismo no era simplemente una profesión; era una manera de estar en el mundo.

Su muerte provocó numerosos mensajes de despedida entre colegas y figuras de los medios. No sorprende. Gelblung perteneció a una generación en la que algunos periodistas dejaron de ser sólo quienes narraban los acontecimientos para convertirse ellos mismos en personajes reconocidos por millones de personas.

Quizás la mejor manera de despedirlo no sea decir que todo lo hizo bien ni reducirlo a sus polémicas. Chiche Gelblung merece algo más difícil: ser recordado en toda su complejidad.

Fue brillante en momentos, cuestionable en otros. Innovador, provocador, obsesivo, popular y contradictorio.

Y precisamente por eso dejó una huella.

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