La Libertad Avanza ya no se conforma con pintar mapas electorales ni llenar listas con candidatos de fidelidad garantizada: ahora quiere gobernadores. El problema es que detrás de la ambición territorial aparece una debilidad inocultable: muchos de los supuestos aspirantes dependen casi exclusivamente de que Javier Milei llegue competitivo a 2027 y los arrastre desde la boleta presidencial. El proyecto que se presenta como una renovación nacional corre así el riesgo de convertirse en una franquicia manejada desde Buenos Aires, con dirigentes provinciales elegidos más por su obediencia a Karina Milei que por su conocimiento del territorio. La Casa Rosada analiza candidaturas en Buenos Aires, Tierra del Fuego, Córdoba, Chubut, Jujuy y otros distritos, mientras intenta impedir que los gobernadores desdoblen las elecciones y corten el efecto Milei.
En Salta, el experimento tiene nombre y apellido: Emilia Orozco. La diputada aparece como la candidata libertaria con mayores posibilidades, aunque su postulación todavía está atravesada por la guerra interna entre karinistas, caputistas y el sector de Alfredo Olmedo. Pero el verdadero interrogante no es solamente si Orozco quiere competir, sino si el poder nacional está dispuesto a romper su convivencia política con Gustavo Sáenz. Allí queda al descubierto la contradicción del discurso libertario: mientras frente a las cámaras promete terminar con la casta, detrás de las puertas negocia pactos de no agresión con gobernadores dialoguistas para asegurar la reelección presidencial. El purismo dura hasta que aparecen los votos y la necesidad de gobernabilidad.
El plan violeta puede sonar arrollador en una oficina de la Capital Federal, pero gobernar una provincia requiere mucho más que repetir consignas, sacarse fotos con Milei o recibir instrucciones por teléfono desde Balcarce 50. Requiere equipos, conocimiento, acuerdos y dirigentes capaces de sostenerse cuando la imagen presidencial deje de alcanzar. Karina Milei parece decidida a convertir la reelección de su hermano en una plataforma para desembarcar en los ejecutivos provinciales; sin embargo, todavía tiene candidatos verdes, internas feroces y alianzas que cambian según la conveniencia. La gran batalla de 2027 no será solamente entre libertarios y gobernadores: será entre el federalismo real y un proyecto político que pretende manejar las provincias como sucursales del poder central.