La Argentina volvió a quedar bajo la lupa de los mercados internacionales. Tras una exitosa emisión de deuda, el ministro de Hacienda porteño, Gustavo Arengo, reveló detalles de las reuniones mantenidas en Nueva York con fondos de inversión y dejó una frase que sintetiza el clima financiero: los inversores ya están pensando en las elecciones de 2027.
Según contó el funcionario, durante la colocación mantuvieron encuentros con 46 fondos de inversión distintos. Y, pese al interés que despertó la operación, hubo una preocupación que se repitió en casi todas las reuniones: qué rumbo tomará la Argentina después del proceso electoral.
“Prácticamente recibimos la misma inquietud de todos, que pasa por las dudas sobre el rumbo que tomará Argentina luego de las elecciones del 2027. Nadie quiere que tengamos de vuelta una marcha atrás”, señaló Arengo.
La frase no pasó desapercibida. En el mercado financiero ya no solo miran los números del presente, sino también la fortaleza política del Gobierno y su capacidad de sostener el programa económico en el tiempo. La agenda electoral empezó a ocupar un lugar central en las conversaciones con inversores, en un contexto marcado por la caída de la confianza, la pérdida del poder adquisitivo y los conflictos políticos que golpean la imagen oficialista.
Uno de los datos que mejor refleja esa incertidumbre es la diferencia de rendimientos entre el Bonar 2027 y el Bonar 2028. Mientras el primero rinde alrededor de 5,1% anual en dólares, apenas un año después el rendimiento salta al 8,7% anual. Para los analistas, esa brecha muestra con claridad que el mercado empieza a poner precio al riesgo electoral.
La lectura es directa: los bonos que vencen antes de las elecciones lucen menos riesgosos, mientras que los que quedan expuestos al escenario posterior pagan una tasa más alta. En otras palabras, el mercado no solo evalúa la deuda, sino también la posibilidad de un cambio de signo político.
En ese contexto, también tuvo peso la visita a Buenos Aires de Jaime Reusche, vicepresidente de Moody’s para América Latina y encargado de la calificación argentina. Su definición fue sugestiva: sostuvo que el actual Gobierno realizó un ajuste más profundo que el de Mauricio Macri, pero aclaró que la nota del país sigue dos escalones por debajo de aquella etapa porque la calificadora prefiere ser más cautelosa.
De todos modos, Moody’s comenzaría en las próximas semanas el proceso formal de revisión de la nota argentina, con una definición prevista antes de julio. En el mercado creen que podría llegar una mejora en la calificación, en línea con lo que ya hizo Fitch, aunque el gran interrogante sigue siendo la sustentabilidad política del programa económico.
Mientras tanto, la oposición también empieza a ordenar sus movimientos de cara a 2027. En ese marco se leyó la presentación de Axel Kicillof en la Feria del Libro, luego de su viaje por Europa. Su nuevo libro, “De Smith a Keynes”, parece enviar un mensaje político y económico: combinar referencias al libre mercado con una mirada de mayor intervención estatal.